Paul Newman, biografía no autorizada

marzo 13th, 20108:50 pm @

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TEXTO: Ignacio Salcedo.

Paul Newman. La biografía escrita por el crítico de cine Shawn Levy, ofrece un retrato cercano de una de las estrellas más atractivas de Hollywood. En ella, más allá de su belleza exterior, conoceremos por dentro a una gran persona que se mantuvo fiel a sus ideales y su forma de ser.

Paul Newman

Paul Newman


La editorial Lumen acaba de publicar Paul Newman. La biografía (23,90€), escrita por el crítico de cine estadounidense Shawn Levy, quien también es el autor de las biografías de Jerry Lewis y sobre el Rat Pack (el grupo de actores y músicos en torno a Frank Sinatra en Las Vegas, entre los que estuvieron Dean Martin o Sammy Davis Jr., entre otros).
Shawn ha recopilado información de distintas etapas de la vida del actor, desde su graduación, su paso por el ejército, hasta la creación de su propia empresa de salsas, pasando por su formación como actor, sus rodajes o las relaciones que mantuvo con sus dos mujeres. Una gruesa biografía de más de 500 páginas que nos darán una visión más amplia y cercana detrás de los ojos y la sonrisa más carismáticas de la historia del cine y de un gran actor que supo progresar con el tiempo y ganarse el respeto más allá de su cara bonita y sus ojos azules.
The New York Times ha dicho: “ El mejor libro sobre Newman y una de las grandes biografías de la década”

The New York Times ha dicho: “ El mejor libro sobre Newman y una de las grandes biografías de la década”


Mal comienzo.
No fue un buen comienzo el suyo. Su debut en El cáliz de plata (1954) le hizo recibir críticas duras, que él mismo aceptó, escribiendo un anuncio en prensa en el que pedía perdón por su mala interpretación, recomendaba a la gente no verla y pedía una nueva oportunidad para demostrar su valía. Una verdadera muestra de modestia, sinceridad y a la vez de confianza en sí mismo. Algo que, dos años más tarde, después de ser completamente ignorado durante ese periodo, refrendó con Marcado por el odio (1956), en la que, curiosamente, sustituyó a otro guaperas, el “rebelde” James Dean, quien falleció antes de comenzar el rodaje en un accidente de tráfico, algo que conmocionó a Hollywood, que erróneamente creyó haber perdido a su enfant terrible favorito.

El día de su boda con Joanne Woodward le regaló una copa de jerez con la inscripción: “Al final te has liado con Apolo. Si a veces te resulta difícil de tragar, prueba con esto”

La industria no cayó en que el destino quiso que Newman ocupara ese hueco y pasara a ser ese actor atractivo, enigmático, guapo, pero con la apariencia de rebelde y anárquico. A partir de ahí, plano a plano, consiguió meterse a las grandes productoras de Hollywood en el bolsillo; todos querían contar con esos ojos azules, esa natural sonrisa y ese desparpajo socarrón en sus películas; los espectadores lo pedían a gritos.
Comenta el autor del libro. Todo el mundo parecía querer poseer esos ojos, los desconocidos se le acercaban, ya cuando llevaba gafas de sol, y le instaban a quitárselas. “No hay cosa –se quejaba Paul Newman- que te haga sentir más como un objeto, es como si uno se acerca a una mujer y le dice: Desabróchese la blusa que quiero mirarle las tetas”.

Imagen de una cita de Paul Newman en la facultad de Kenyon, donde interpretó su primer papel en teatro, el de Hildy Johnson en Primera Plana.

Imagen de una cita de Paul Newman en la facultad de Kenyon, donde interpretó su primer papel en teatro, el de Hildy Johnson en Primera Plana.

Un indomable en la vida real.
La maquinaria de promoción de Hollywood era imparable y su popularidad también. De hecho, desde 1956 hasta 1977, no hubo un solo año en el que no rodara alguna película –un total de 38 en 21 años- y sólo hizo una pausa tras la trágica muerte por sobredosis, en 1978, de su único hijo varón, Scott, fruto de su primer matrimonio. De esta etapa nos quedan títulos memorables como La gata sobre el tejado de zinc, El buscavidas, Dulce pájaro de juventud, El premio, Cortina rasgada, La leyenda del indomable, Dos hombres y un destino, El juez de la horca o El golpe, entre otras muchas.
Pero a medida que trabajaba, se multiplicaba su popularidad y su fama, algo que no llegó a encajar del todo. < >.
Las anécdotas son constantes, interminables y están contadas con un gran pulso narrativo por parte del autor. Sobre los comienzos en su relación con su segunda y definitiva mujer, Joanne Woodward, encontramos la que sigue.
En El largo y cálido verano (1958), dirigida por Martin Ritt, compartió rodaje con Joanne Woodward, Anthony Franciosa y Orson Welles. Todos menos Welles procedían de Nueva York, del Actors Studio –una de las escuelas de interpretación más prestigiosas de los Estados Unidos-, donde el “método” –una línea de trabajo interpretativo- había triunfado. El propio Newman cuenta que no congenió demasiado con Orson Welles, que procedía de la vieja escuela, “le tenía manía -reproduce Levy declaraciones de Newman- hasta que Welles confesó a Martin Ritt que se sentía “como un equilibrista en la cuerda floja”. “Ese comentario –prosigue Paul- me hizo ver que buena parte de su beligerancia se debía a su tremenda inseguridad. Eso me impresionó, y cada vez que la tomaba conmigo simplemente no le hacía caso o intentaba entenderlo todo lo posible. Al final acabó cayéndome muy bien y pude hablar con él sin sentirme incómodo. No nos hicimos íntimos, pero sentía una gran admiración por él”.
De aquel rodaje en Luisiana, donde se consolidó su romance con Woodward, la pareja se llevó de recuerdo una cama de bronce que, según Paul, “debió pertenecer a un prostíbulo porque no hay razón para hacer una cama así de grande”. Ninguno de los dos ocultó su romance durante estos días en el Sur de los EEUU y nunca lo olvidarían, entre otros motivos porque concibieron a la primera hija de la pareja -de las tres que tuvieron-, lo que facilitó que Paul se divorciara definitivamente de Jackie Witte -con la que había tenido también tres hijos- y contrajera matrimonio en Las Vegas con Joanne, la que sería su definitiva mujer hasta su muerte.
Nada más celebrarse el enlace -comenta el autor-, lo primero que hicieron fue llamar a la reina del cotilleo por entonces, la periodista Hedda Hopper, para “oficializar” la noticia; no hacerlo les habría costado caer en desgracia con el público, lo que deja bien a las claras el poder que tenía la comunicadora. El regalo de Paul a Joanne consistió en una copa de jerez -ella las coleccionaba- con la siguiente inscripción:
“Al final te has liado con Apolo. Si a veces te resulta difícil de tragar, prueba con esto”.

Mucho alcohol y ruido de motor
Paul sabía de buena mano que las penas y las alegrías con el alcohol se tragan mejor. De hecho, esta biografía cuenta sin tapujos sus borracheras tras los rodajes o en la preparación de sus papeles como las salidas con los chicos de El castañazo (1977).
Pero también se recalca la ardua defensa de sus convicciones. Muy sobrio tuvo que estar para mantener los sangrientos debates que tuvo con la prensa, algo que se acentuaría con el estreno de Ausencia de malicia (1981), en la que se trataba un tema de poca ética periodística. “La película -declaró el actor- era un ataque directo contra el New York Post y yo me sentía encantado con un papel que arremetía contra el periodismo poco ético. Me habría gustado demandar al Post, pero resulta muy complicado llevar a un cubo de basura ante los tribunales”. Algo que refrendó con otro ataque directo a Rupert Murdoch, propietario del periódico. “Lo que alguien debería hacer es inventarse algo insultante de verdad, como que Murdoch no sabe hablar y por eso tiene que llevar un diccionario de bolsillo, o que lo detuvieron siendo joven por mantener relaciones sexuales con gallinas”.

“Alguien debería inventarse algo insultante de verdad, como que Rupert Murdoch no sabe hablar y necesita un diccionario o que lo detuvieron de joven por mantener relaciones sexuales con gallinas”

Su fuerte carácter queda latente en la defensa de su militancia anti-republicana, que le llevó a protagonizar una de las anécdotas más comentadas en Hollywood con el mismísimo John Wayne. < > Pese a todo, ambos actores se caían bien.

Un cuarteto de lujo: Steve McQueen, Paul Newman, Barbra Streisand y Sidney Poitier, el primer negro dentro del star system.

Un cuarteto de lujo: Steve McQueen, Paul Newman, Barbra Streisand y Sidney Poitier, el primer negro dentro del star system.


Newman celebró aparecer en las famosas listas del ex presidente Richard Nixon y se hizo célebre demócrata durante 1968, año de especial convulsión política. Una divertida anécdota refleja sus ideales. < >.

También fue conocida su afición apasionada por los coches, algo que se acentuó tras rodar 500 millas (1969). A partir de ahí: quedó segundo en unas 24 horas de LeMans con 54 años, montó su propia escudería y construyó él mismo un circuito, participó en un buen puñado de carreras y presenció premios de Fórmula 1 como el de Montecarlo junto a Grace Kelly. Menos conocidas, sin embargo, fueron sus aficiones a otros deportes extremos o al salto de trampolín, su afán por las bromas durante los rodajes y su preocupación por su estado físico que le llevaba a correr, nadar y montar en bici cuando vivía en casa junto a Joanne.
Otra característica que se refleja en la biografía es su preocupación por el medioambiente y los actos solidarios en los que participó. Así, además de fundar una marca de salsas con su nombre e imagen, cuyos beneficios donaba íntegramente a fines benéficos y solidarios, también fundó la Energy Action Caucus, un grupo que trataba de contrarrestar la influencia de los grandes lobbies petroleros en el proceso político, dedicando especial atención al impacto medioambiental de las prácticas de esta industria.

Mil y una historias jalonan esta trayectoria, más allá de la interpretación, la producción o la dirección -ya que tuvo tiempo para todo dentro del cine-, pero tampoco se obvian las nueve nominaciones a los Oscar y los dos que ganó consecutivos, el Honorífico en 1986 y un año después, el de Mejor Actor por su interpretación en El color del dinero (rodada en 1986), galardones sin duda merecidos, pero un tanto tardíos.

Hace ahora 20 años.
Si miramos atrás en el tiempo, por entonces Paul Newman contaba 64 años y después del Oscar obtenido en 1987 por El color del dinero, dirigida por Martin Scorsese, se había tomado un respiro que rompió este mismo año para rodar dos películas: El escándalo Blaze de Ron Shelton y Creadores de sombras de Roland Joffé, ésta a finales del 88, pero estrenada en el 89.
Precisamente, para esta última película, el director apostó abiertamente por Newman, en un papel que estaba en las antípodas de sus creencias políticas e ideológicas y por el que percibió siete millones de dólares.
< >. Sin embargo, sí hubo un hecho que da muestras de su forma de ser. < >
Con El escándalo Blaze, Newman regresó a Luisiana, donde se inició su relación formal con Joanne en los años 50. Pese a que el rodaje fue muy bien y estuvo afable y comunicativo, se sentía sólo y, aunque Joanne estaba cerca tratando de retomar sus estudios abandonados tiempo atrás, recibió una llamada de Paul: “Me pidió que me reuniera con él porque me echaba de menos, y no hay título académico en el mundo que pueda compararse en importancia con el hecho de que la persona a la que llevas queriendo treinta y un años te eche de menos”. Desde entonces ya nunca se separarían e incluso pudieron trabajar juntos en Esperando a Mr. Bridge (1990), de James Ivory.

Se cierra la mirada
Con posterioridad a estos años, sus apariciones fueron más escasas, y ya en el siglo XXI sólo tenemos dos recuerdos de él: la voz que puso en la película de animación Cars (2006) y su espectacular presencia en Camino a la Perdición (2002), con una despedida más que digna de las pantallas que le brindó el director Sam Mendes junto a Tom Hanks y Jude Law.
Aquel triste 26 de septiembre del 2008, en su casa de Westport, Conneticut (EEUU) un cáncer de pulmón acabó, a los 83 años, con su vida, la de uno de los cineastas más íntegros y valorados de Hollywood: Paul Newman, un actor, una persona, mucho más que una inmensa mirada azul.