Tokio, la metrópoli estimulante

noviembre 2nd, 20099:10 pm @ m.

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Texto y fotos: Javier Estrada

Pisar la ciudad de Tokio es una experiencia alucinante, las sensaciones son brutales y espectaculares. Tokio es una macrociudad con una personalidad arrolladora y Asombrosa. diferente y apasionante para quien sabe adaptarse, y voraz con quien logra derrotar. La cercana historia de un pueblo orgulloso y aislado, y su espectacular transformación en el último siglo y medio, confluyen en una excitante propuesta.
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Más de doce millones de personas despiertan en la ciudad Japonesa de Tokio cuando los primeros rayos de sol tocan los últimos pisos de decenas de rascacielos, a la vez que descubren las nieves eternas de la cumbre del monte Fuji. El espectáculo acaba de comenzar.
Los neones continúan incansables emitiendo mensajes y llenando de luz y colores las calles mientras el metro arranca un día más como medio fundamental de transporte. Empujones y aglomeración a primera hora ya son una imagen típica y muy exportada de esta ciudad, aunque el turista puede evitar esta situación, hay que esquivar las horas punta (06 – 07 h. y 17 – 18 h.).

Las mascotas son una fiebre en Tokio. Una pareja navega en el Tokio Cruise hacia la Isla de Odaiba.

Las mascotas son una fiebre en Tokio. Una pareja navega en el Tokio Cruise hacia la Isla de Odaiba.


Las primeras sensaciones son frías y desconcertantes: el idioma, los carteles ilegibles y la inmensidad de la metrópoli requieren del visitante un sobreesfuerzo para agarrarse al ritmo de Tokio y comenzar a disfrutar de una ciudad que ofrece tanto y tan diferente, que la convierte en un lugar donde siempre hay que volver.
Una de las mejores ideas es comenzar por conocer la historia del país y de la ciudad. A pesar de lo mucho que se haya podido leer, merece la pena visitar el Museo Edo – Tokyo, donde, de una forma muy visual, a base de maquetas y recreaciones a tamaño natural, podemos ver cómo era Edo (antiguo nombre de la ciudad), con sus puentes, las casas de samuráis y pescadores, mapas y vestimentas de la época o el espectacular proceso de las pinturas típicas Nisikie o los orígenes del teatro Kabuki. También nos muestra las consecuencias de la apertura de Japón a Occidente en 1868 y la influencia europea, tras más de 400 años de aislamiento casi total de una sociedad feudal y jerarquizada, gobernada por samuráis, o cómo quedó Tokio tras el gran terremoto de 1923, para finalizar el recorrido con la triste derrota en la Segunda Guerra Mundial, la dura postguerra y el espectacular avance tecnológico de los años posteriores.
La Plaza de Hachikomae en el distrito de Chibuya es una imagen representativa de una parte de la ciudad de Tokio en la que miles de personas se mezclan a diario entre rascacielos, luminosos y pantallas gigantes con mensajes publicitarios.

La Plaza de Hachikomae en el distrito de Chibuya es una imagen representativa de una parte de la ciudad de Tokio en la que miles de personas se mezclan a diario entre rascacielos, luminosos y pantallas gigantes con mensajes publicitarios.


A la salida del museo, una enorme construcción en forma piramidal nos recuerda que estamos en el país del Sumo, deporte rey, junto al béisbol y el recientemente adoptado, fútbol. El estadio de Sumo, Kokugikan Arena, está rodeado de residencias de atletas que en principio no son visitables, aunque sí existe la posibilidad de preguntar y poder acceder a ver el entrenamiento de estos gigantes. (La temporada de Sumo comienza en Septiembre).
Tokio tiene mil caras pero un denominador común es que la gente parece estar siempre en la calle.  Arriba, imagen de uno de los mercados más populares. Está en la zona de Ueno y se llama Ameya Yokocho. Mientras el tren pasa sobre nuestras cabezas, los tenderos gritan su oferta y una pantalla difunde anuncios. Aquí es uno de los pocos lugares en donde se puede regatear.

Tokio tiene mil caras pero un denominador común es que la gente parece estar siempre en la calle. Arriba, imagen de uno de los mercados más populares. Está en la zona de Ueno y se llama Ameya Yokocho. Mientras el tren pasa sobre nuestras cabezas, los tenderos gritan su oferta y una pantalla difunde anuncios. Aquí es uno de los pocos lugares en donde se puede regatear.


Tokio es puro contraste. Es una ciudad que guarda sus tradiciones de una forma celosa y orgullosa a la vez que mira al exterior queriendo avanzar más rápido que nadie, aunque hoy ya son muchos los países los que miran las evoluciones de un país que es segunda potencia económica mundial.
Los latidos del corazón se revolucionan cuando se sale de la boca del metro y el turista se mete en el flujo vital de la ciudad. Sonidos, olores e imágenes nunca vistas antes, aturden al principio para luego ir descifrando y degustando.
Un grupo de niñas de colegio visten minifalda, medias por encima de las rodillas y chaquetas de uniforme con escudo y corbata. En sus manos un móvil de color rosa fucsia desde donde navegan por Internet, hablan o ven la televisión. A su lado decenas de hombres con traje oscuro caminan a paso ligero de un lado a otro. Un pantalla gigantesca instalada en la fachada de un rascacielos emite un concierto de Elvis, a la vez que otra de dimensiones espectaculares da consejos publicitarios. El semáforo se pone en verde y miles de personas inundan la calzada cruzándose hasta la otra acera. En el camino, tres mujeres vestidas con kimono, hoy utilizado como prenda para eventos y celebraciones elegantes, caminan junto a un grupo de adolescentes de pelos de punta tintados en clara imitación a su héroe del universo Manga, que aquí lo puede y mueve casi todo.
Una joven reparte publicidad en mano en pleno barrio electrónico de Akihabara.

Una joven reparte publicidad en mano en pleno barrio electrónico de Akihabara.


Frente al ritmo diario, la ciudad también ofrece zonas o distritos mucho más calmados. Espacios alrededor de un templo budista o sintoísta, las dos religiones más importantes de Japón, con calles peatonales o incluso frondosos bosques, que aparecen entre el caos urbanístico para dar cobijo a familias, turistas o ciudadanos en busca de un respiro.
Uno de los templos más grandes e interesantes está en Asakusa, es el templo budista Sensoji, al que se accede por una calle peatonal (Nakamise) repleta de gente y de tiendas de souvenirs. Los gatos de la suerte, las linternas de papel (son donativos para pedir deseos), el dulce típico de alubias dulces y las veneradas ramas de almendro en flor, abren el camino hasta una espectacular construcción de madera y una elegante y alta pagoda. Los amuletos son los protagonistas de las tiendas dentro del recinto. Una enorme vasija recoge el incienso quemado para purificar el alma. A su lado una fuente con cazos sirve para limpiar las manos y enjuagar la boca antes de subir las escaleras que nos postrarán frente a Buda (oculto tras unas telas). Una moneda y dos palmadas sirven para despertar a los dioses, luego se pide el deseo. También puedes ver tu suerte en un juego de palillos adivinos y pasear relajado por los jardines y el cementerio que lo rodean. A su lado, dos grandes esculturas de perros dan paso a un templo Sintoísta, religión nativa y autóctona de Japón, que tiene más de ocho millones de dioses inspirados en la naturaleza, como el dios del cielo, de las flores o el Sol, llamado Amaterasu, el más importante. Por eso la bandera del país tiene esa simbología.
Los muchos contrastes que Tokio ofrece se reflejan en esta instantánea, en la que un hombre vestido con kimono pasa junto a un grupo de jóvenes en la estación de metro de Asakusa.

Los muchos contrastes que Tokio ofrece se reflejan en esta instantánea, en la que un hombre vestido con kimono pasa junto a un grupo de jóvenes en la estación de metro de Asakusa.


Caminamos hacia la orilla del río Sumida. A la altura de AzumaBashi Bridge. De frente encontramos el edificio de la cervecera Asahi, que luce una escultura en forma de llama dorada, obra de Philippe Starck. En este punto se coge el Tokyo Cruise, un barco que navega por el río bajo 14 puentes y diferentes escenarios urbanos hasta llegar a la isla artificial y futurista de Odaiba. Antes, hace una parada en Hama Rikyu, un bello y tranquilo parque imperial con ciruelos y pinos japoneses arropado por imponentes edificios donde podemos participar de la tradicional e interesante ceremonia del té en una casa japonesa sobre un delicioso lago.
Tras la relajante parada llegan las sensaciones fuertes. Nos acercamos al Rainbow Bridge y frente a nosotros se yergue la isla de Odaiba. Entre rascacielos de oficinas y edificios imposibles como el de la Fuji TV, donde comprar merchandaising de la serie Dragon Ball, descubrimos una playa, la pequeña réplica de la estauta de la libertad (también regalo de los franceses), una noria gigante, un fabuloso museo marítimo, el Miraikan (Museo de la tecnología y robótica), un centro comercial y un club de baños tradicionales y Spa de lujo (Oedo – Onsen Monogatari), con gabinete especial para mascotas. De vuelta vale la pena comprar un billete para subir al monorraíl sin conductor llamado Yurikamome, que circula bajo el puente colgante, sobre la bahía.
Vista (desde un barco turístico) del fabuloso Rainbow Bridge, que une la isla artificial de Odaiba, al fondo, con la bahía de Tokio, atravesando el río Sumida.

Vista (desde un barco turístico) del fabuloso Rainbow Bridge, que une la isla artificial de Odaiba, al fondo, con la bahía de Tokio, atravesando el río Sumida.


La ciudad de Tokio está muy limpia y sorprende saber que no tiene sistema de limpieza, cada vecino o comunidad se encarga de limpiar su espacio de acera o calle. La ciudad no tiene papeleras sólo las tiendas de conveniencia (24 horas) tienen contenedores. Por otra parte, una de las escenas que al principio más impacta es ver cómo muchos de los tokiotas llevan una mascarilla que les cubre la cara para evitar alergias; la imagen sorprende pero pronto se convierte en normal a la vez que los ideogramas (escritura japonesa) dejan de llamarte tanto la atención o se te quita el complejo de sacar tu teléfono móvil frente a tanta demostración de tecnología.
Tokio es trepidante y alucinante, una ciudad con un carácter muy fuerte y bien definido como demuestran sus diferentes ritmos, su ultra modernidad y los desiguales distritos o su complicada historia y evolución. Y la ciudad en sí parece querer participar de la vibración constante de sus ciudadanos con sus pequeños terremotos diarios.
Dos japonesas saludan al fotógrafo en un restaurante.

Dos japonesas saludan al fotógrafo en un restaurante.


Los jóvenes visten muy diferente y de forma bastante moderna, pero no es sólo en la moda en lo que se diferencian. La sociedad cambia rápido y es la juventud la que hoy da la personalidad y fuerza a Tokio, a la vez que sus edificios dejan de ser de madera y se convierten en construcciones de hormigón o las influencias de Occidente ya no son tan evidentes, más bien son ellos los que influyen de una forma evidente y eficaz en aspectos tan claros como gastronomía, tecnología o arquitectura, por ejemplo. Y lo demuestran y exhiben, basta con subir a los miradores de las dos torres del Gobierno Metropolitano y echar un vistazo al gigantesco perfil de la ciudad. O dedicar una mañana, temprano, mejor antes de las siete de la mañana, a visitar el mercado más grande del mundo de pescado (Sukiji) y ver las subastas de atún y caminar entre los miles de puestos, descubriendo especies marinas nunca antes vistas o que no sabías que se podían comer, con mucho cuidado de no ser arrollado por los centenares de pequeños vehículos que transportan mercancías y viajan a gran velocidad entre estrechas calles mojadas. A partir de las 08.30 horas, cuando todo comienza a recogerse, vale la pena desayunar un buen plato de atún crudo (Sashimi) con arroz, sopa de mijo y té verde, en uno de los pequeños restaurantes del propio mercado. Es así cuando el turista se puede acercar a la sociedad que visita y hace del viaje algo mucho más real y auténtico.
Despertase por la mañana y descubrir el pico nevado del monte Fuji (volcán inactivo) es otro regalo de la ciudad de Tokio que sólo es posible ver en días muy despejados. A su ladera comienza el caótico urbanismo de  una ciudad en la que se mezclan pequeñas edificaciones familiares con rascacielos.

Despertase por la mañana y descubrir el pico nevado del monte Fuji (volcán inactivo) es otro regalo de la ciudad de Tokio que sólo es posible ver en días muy despejados. A su ladera comienza el caótico urbanismo de una ciudad en la que se mezclan pequeñas edificaciones familiares con rascacielos.


Como contraste nos metemos en el Metro y visitamos dos grandes parques, el de Ueno, donde se concentran gran parte de los museos, como el interesante Museo de Historia y Antropología o el de Bellas Artes. También aquí encontramos el Zoo y la Biblioteca Nacional. Un espacio muy familiar, con un templo sintoísta y donde el gato mágico Doraemon es el rey de los cochecitos, los niños juegan al béisbol y las familias pasean tranquilas o montan en bicicleta.
El otro parque es el que precede al Palacio Imperial (no visitable), en pleno centro de la ciudad, junto a la ciudad financiera (Shinjuku, donde también está el barrio rojo de Tokio), antiguo castillo de Edo del siglo VX del que sólo quedan reminiscencias de su muralla de piedra y donde podemos adivinar entre árboles y turistas chinos, cómo vive el actual Emperador.
El mercado de pescado más grande del mundo es el de Tokio (Sukiji). Un gigantesco y espectacular espacio con miles de puestos, donde se puede encontrar todo tipo de animales y algas y fascinarte con las famosas subastas de atunes de 200 kilos.

El mercado de pescado más grande del mundo es el de Tokio (Sukiji). Un gigantesco y espectacular espacio con miles de puestos, donde se puede encontrar todo tipo de animales y algas y fascinarte con las famosas subastas de atunes de 200 kilos.

mercado Pescado
La ciudad se va transformando según llega la tarde y a la salida del colegio o de la oficina el tokiota acostumbra a darse una vuelta. En la plaza de Hachiko, en el distrito de Chibuya, encontramos las escenas más modernas y la actividad más frenética en un cruce que parece salido de la película Blade Runner, con pantallas gigantes emitiendo música y mensajes, decenas de coloridos luminosos y miles de personas que salen a pasear, de tiendas por las calles peatonales o a tomar una cerveza, aspecto éste muy común y que está arraigado como conducta social diaria. Tiendas de música, ropa y restaurantes a buen precio intentan atraer a los viandantes con gritones hombres anuncio, micrófono en mano, a pie de calle. A las doce de la noche sale el último tren, así que ésta será la hora a la que casi todo el mundo se retira.
No todo en Tokio son aglomeraciones humanas y luminosos. Los barrios residenciales son muy tranquilos y tienen vida propia, con sus mercados y pequeñas calles peatonales. Una sopresa de Tokio es que conserva todos sus tendidos eléctricos y telefónicos aéreos.

No todo en Tokio son aglomeraciones humanas y luminosos. Los barrios residenciales son muy tranquilos y tienen vida propia, con sus mercados y pequeñas calles peatonales. Una sopresa de Tokio es que conserva todos sus tendidos eléctricos y telefónicos aéreos.


Otro de los lugares más diferentes es el Barrio electrónico (Akihabara); más de veinte manzanas dedicadas a la tecnología, donde puedes encontrar desde móviles al último ordenador personal, pasando por un increíble mercado de segunda mano y mucha tienda de cómic manga.
Los precios son caros o igual de caros que en España, aunque si alguien siente el capricho de comprar lo mejor es dirigirse a las Duty Free, donde no te cobran impuestos y te asesoran mejor sobre la compatibilidad de los productos.
El ambiente es joven y algo freakie, no es raro ver a chicos y chicas totalmente disfrazados de su héroe favorito del cine Animé o del cómic Manga.
Templo budista Sensoji, el más grande de la ciudad, en Asakusa

Templo budista Sensoji, el más grande de la ciudad, en Asakusa


Y poco a poco la ciudad te sorprende y te agota, te transmite potencia y dinamismo a la vez que te muestra su cultura, tradición y modernidad. Tokio es un destino emocionante y excitante con tantas posibilidades como quiera el viajero, y cuando la semana concluya, viaje a la montaña (a menos de una hora) y descanse en sus hoteles de aguas termales en medio de los exhuberantes bosques y disfrute de los masajes y de otros paisajes.

GUÍA de TOKIO.
www.tourism.metro.tokyo.jp
www.yes-tokio.es
Moneda
1 euro = 150 Yenes.
Idioma
Por supuesto la única forma de relacionarse será en inglés, pero la mayoría no conoce muy bien el idioma, así que siempre resulta complicado mantener una conversación o preguntar algo más allá que la dirección de un restaurante o el andén correcto en el metro.
Metro: La mayoría de los habitantes de Tokio se mueven en Metro. A priori puede resultar mareante o complicado por su extensión y multitud de líneas y trenes, pero la realidad es que es sencillo.
Lo mejor es hacerse con la tarjeta PASMO que se compra y se carga en una máquina dispensadora de cualquier estación. Todas las indicaciones están en inglés y en la entrada de cada estación hay un guardia de información al que es mejor preguntar para confirmar tu trayecto. No es extraño que para hacer un transbordo tengas que salir a la calle y volver a entrar o cambiar de tren subterráneo a aéreo.
El Metro es caro (160 Yenes por trayecto) y se paga por trayecto recorrido antes de abandonar la estación. Pero más barato que un taxi. (bajada de bandera 710 Yenes. Un trayecto de 10 minutos cuesta 3.000 Yenes = 20 euros).

Hoteles

Habitación de un Hotel Ryokan.

Habitación de un Hotel Ryokan.


En Japón no se califican los hoteles, pero lo hacemos en esta lista para orientar mejor al lector.
Hotel Peninsula 5* G.L.
Hotel Conrad 5* G.L.
Hotel Tour Seasons 5* G.L.
Hotel Imperial. 5 estrellas.
Hotel Ocurra. 5 estrellas.
Hotel New Otani. 5 estrellas.
Hotel Asakusa View.
4 estrellas. (Foto de arriba). El Hotel Asakusa es una elección perfecta para visitar y conocer Tokio. Comodidad y calidad. Precio habitación doble: 30.000 Yenes. (200 euros). Está situado en una zona residencial muy tranquila y familiar y tiene muy cerca una zona peatonal muy agradable donde se encuentra el gran templo budista Sensouji. www.viewhotels.co.jp
/asakusa
Hoteles Japoneses
Los Ryokan son hoteles japoneses que ofrecen toda la tradición de su cultura. El viajero vivirá sobre suelo de tatami, dormirá sobre futón, con mesas bajas para comer sentado en el suelo y las ventanas son correderas de madera y papel. Aunque están modernizados con paredes y ventanas bien aisladas y tazas de water.
Sawanoya: (Tipo pensión. Sólo dos habitaciones tienen baño particular, el resto comparten un baño japonés. Zona muy tranquila en Ueno) www.sawanoya.com
Precio por persona y día: 5.000 Yenes = 35 euros. 2 personas: 60 euros.
(Foto de la izquierda)
Katsutaro: (Más moderno que el anterior, con habitaciones japonesas con baño. En plena calle comercial del distrito residencial de Ueno) www.katsutaro.com
Precio por persona y día: 6.300 Yenes = 42 euros. 2 personas: 70 euros.

Ciudades en la Montaña
Para descansar entre naturaleza y aguas termales. (a menos de 1 hora de Tokio).
Apuntamos esta posibilidad como recomendación final tras visitar durante una semana la ciudad de Tokio. Los hoteles son Ryokan (tradicionales japoneses), pero el verdadero valor de estas privilegiadas zonas es el contacto con la naturaleza y los baños en aguas termales y sus servicios de SPA y masajes.
Hakone (Al pie del monte Fuji).
Kamakura (Zona de templos y deportes de agua).
Nikko (Visitar el templo sintoísta dedicado a un importante jefe samurai y pasear por sus frondosos bosques y lagos de aguas termales. Son famosas las colonias de monos en la zona).

Restaurantes
Los japoneses son muy exigentes con la comida. Además de estos restaurantes recomendamos aventurarse a comer casi en cualquier lugar para degustar su especialidad.

Restaurante típico en una calle peatonal del popular barrio de Asakusa, donde hay muchos restaurantes y teatros.

Restaurante típico en una calle peatonal del popular barrio de Asakusa, donde hay muchos restaurantes y teatros.


Zakuro
(Restaurante de comida japonesa, de Shabu shabu, sukiyaki, etc.)
En zona Ginza. Precio Medio por persona: para la cena 14.000 Yenes, para almuerzo 4000 Yenes.
Chinzanso (Conjunto de restaurantes situados en el jardín japonés del hotel Four Seasons)
Sukiyabashi Jiro (Restaurante del chef, Jiro Ono. Con estrella Michelín. Considerado el mejor para comer sushi de Tokio. Precio medio por persona: 30.000 Yenes.
Kokonotsu Ido Especialidad de Tamagawa: asados a la brasa sobre la mesa, en una casa tradicional japonesa. Precio medio por persona: 15.000 yenes
San Pau (El restaurante de la cocinera española Carma Ruscalleda).
Ginza Isomura (Muy agradable y fantástica relación calidad / precio. Se come Kushiage o brochetas fritas. situado en Ginza) Precio medio: 5.000 Yenes.
Mo Mo Paradise (Come todo lo que puedas por un precio excelente. En el barrio de Chibuya. Especialidad en Chabu Chabu. Carne hervida). Precio medio: 3.000 Yenes.
Clubes, para bailar
En la zona de Roppongi
Gaspanic Club, 911, Vibration, Motown y Wall Street Bar.

Tokio Cruise
Para llegar en un espectacular travesía por el río Sumida hasta la isla de Odiaba coger un barco turístico desde Asakusa. 50 minutos navegando entre edificios y bajo 14 puentes, con parada en los jardines del Parque Imperial Hama Rikyu, donde disfrutar de la tradicional ceremonia del té, para desembarcar en la isla artificial futurista Odiaba, tras pasar por debajo del impresionante Rainbow Bridge, en la bahía de Tokio.

Baños termales
Hasta hace muy pocos años las viviendas en Tokio no tenían baños y ha sido siempre costumbre asearse en baños públicos. Actualmente se puede visitar algún baño que todavía sobrevive pero la tradición ha emergido en forma de SPAs de lujo donde disfrutar de baños en aguas termales. En la isla de Odiaba encontramos las instalaciones Oedo – Onsen Monogatari. Un lugar perfecto para relajarse y disfrutar de masajes, baños o comida. Pasearse en Yukata (kimono) acerca mucho a las tradiciones japonesas.

Costumbres y curiosidades

LAS ACERAS son compartidas por peatones y bicicletas. Hay que estar atentos cuando paseamos.
NO UTILIZAN SERVILLETAS, pero siempre te ofrecerán una toallita húmeda para limpiar las manos antes de cada comida.
MUCHO MÁS DE LO VES, que ya es mucho. Pero hay que saber que una tienda o un restaurante puede estar en el séptimo piso o que una pequeña entrada en la calle se convierte en tres enormes pisos tras llegar a la puerta trasera.
NO SE DAN PROPINAS, todo está incluido en el precio final. Si dejas alguna moneda el camarero te seguirá para devolvértelas.
NO BESOS. Los japoneses se saludan sin ningún tipo de contacto físico. Basta un leve movimiento hacia delante de tronco y cabeza. Si intercambias tarjetas de visita será perfecto.
TAXI LIBRE es cuando su luz está en rojo y verde significa ocupado. La bajada de bandera cuesta 710 Yenes (4,7 euros)
ZAPATOS y CALCETINES; cómodos y dignos, ya que en muchos lugares, como templos, algunos restaurantes y hoteles o casas particulares hay que descalzarse para entrar.
NO HAY PAPELERAS. Tras el atentado sufrido con gas sarin de marzo de 1995, las autoridades de Tokio quitaron todas las papeleras de la ciudad. La ciudad está impecable, pese a no tener un servicio de limpieza (sólo de recogida de basuras y mantenimiento). Por increíble que nos parezca cada vecino limpia su acera y nadie tira nada al suelo.

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